Mañana a las 22, por América, se podrá ver Crítica de la Argentina, el último diario de papel. Supongo que el documental mostrará cómo se gestó el nuevo y ambicioso proyecto de Lanata.
Habrá que verlo.
Mañana a las 22, por América, se podrá ver Crítica de la Argentina, el último diario de papel. Supongo que el documental mostrará cómo se gestó el nuevo y ambicioso proyecto de Lanata.
Habrá que verlo.
Categories: Sobre periodismo y medios
El lunes pasado presencié, gracias a un amigo que consiguió colarme en la lista de producción, la grabación del programa “Íntimo e interactivo” (Much Music) del grupo mejicanote Café Tacuba. Poca gente, serie de fans y mucha energía desplegada a cargo del cuarteto chompira.
Yo, estaba a dos metros del seudo escenario con cara de qué bien se te ve. Rodeada de luces de estudio de televisión y técnicos de todos los colores. Mis caderas lindaban con el set de guitarras y bajos que, tema a tema, se turnaban para ser parte del show. A cargo de ese kiosquito de miles de dólares estaba un plomo azteca del que me hice compinche. Un mexicano bastante encantador, debo decir. El tipo corría, alcanzaba toallitas blancas que pasaron todo desafío de blancura existente, afinaba cada instrumento, y hasta se dio el lujo de cambiar una cuerda en dos segundos.
El show estuvo aplanador desde el sonido. Mucha sinergia entre ellos. Tocaron temas conocidos y de los otros también. Se los notaba sencillos y amigables. Pero el groso es el líder de la banda, sin duda. El chiquitito con trenzas claramente contrabandea onda al por mayor. Su peinado, su vestimenta, su carisma y su simpatía lo convierten en líder indiscutido. Y para terminar con las flores, los tipos hicieron la coreografía del tema “Déjate caer” sin ninguna timidez. Grosos. Torpemente desprendieron brazitos por un lado, pasitos por el otro y plastificaron ese momento como el sublime del concierto.
Cuando todo acabó pensé en pedirle a mi cuate la lista de temas, pero una hoja con letras escritas por no sé quién mucho no me iba a aportar. La gente a mi alrededor ligó puas del guitarrista, pero yo sólo puedo tocar temas del siempre galán Sergio Denis. Y ni siquiera los hits del último disco, me quedé con “Te quiero tanto“… En fin. Seguí pensando. Y llegué a la temible conclusión que el souvenir que quería llevarme era el reloj del plomo copado. Era de muchos colores y brillaba insistentemente en la oscuridad. Pero la cara de qué bien se te ve no dio para tanto. Me fuí con el recuerdo del goce contundente.
El cuartetazo también tuvo que charlar con la rubia del canal de música. Que qué hacían antes de, qué cómo son las giras, qué blasblasblas. Qué bajen a la blonda del tablao y que suenen los acordes cafeteros.
Mi amigo, que labura ahí, me contó que el especial saldrá recién en abril. Mientras tanto, les dejo dos YouTube de aquella noche.
Categories: Música
Recién me di cuenta que siempre fuí fanática de la lluvia. Sin embargo, desde que vivo en esta casa, mi fanatismo fue desmejorando con el pasar de las inundaciones y las goteras.
Me acuerdo la primera vez que entró agua mientras dormíamos (amigo Pollo y yo, cada uno en cuarto distinto, por ende, en diferentes camas). Si no hubiese sido por ese huésped de honor, me habría tomado el primer 110 que pasaba por la calle. No me importaba mi pijama, ni que eran las cinco de la mañana y a esa hora me hubiese inundado en la parada. El agua entraba por abajo. Era como una fuente acuática pero sin romanticismo ni imágenes de postal. Había baldes, corridas, ojeras y rezos varios para detener la entrada incesante de líquidos. Quiero decir que esa mañana sobrevivimos a la evacuación gracias a ese amigo siempre listo para operar.
Decía que antes la lluvia estaba del lado de los buenos. Espero poder volver a reubicarla en ese estante placentero. Por lo pronto, ruego a los santos desatatormentas que hayan cuidado mi casa en mi ausencia. De lo contrario, tendré que comunicarme con mi evacuador estrella. Que además, se ocupa de mis cortes de pelo y es mi médico de cabecera.
Categories: Mis cosas
Si alguien no vio El Milagro de P. Tinto, acá tienen un breve souvenir de esta desopilante película española. Yo no puedo dejar de verla. Y cada vez que lo hago, siempre con diferentes copilotos, me sigo maravillando con los diálogos y el buen guión que supieron conseguir. La estética, capítulo aparte. Las actuaciones del elenco freak, ni hablar.
Y qué bien pensao!!!!
Categories: Destacados YouTube
El mes que llega trae, entre otras cosas, el nuevo libro de Pedro Mairal.
Quizás, ahora que ya se disolvió la espuma Harry Pottereana, los lectores focalicen sus fuerzas todopoderosas en este autor sin anteojitos monstruosos y seguramente, sin tantos millones ni tanta superproducción. Aunque, a fin de cuentas, ¿a quién le importa los efectos especiales y las cuentas en Suiza?… A gozar con las buenas letras!
Acá, una entrevista que el diario Los Andes de Mendoza le hiciera el año pasado al autor de Una noche con Sabrina Love…
Mensaje oculto para quien cuente con alargadores de visión “MIKASA”:::No me ofendo si alguien me lo regala para mi cumple30 (qué espanto!)
Categories: Libros y autores
Me gusta Cicco porque no tiembla cuando escribe ni se muerde la lengua antes de hacerlo. Su atrevimiento con sentido, sus porqués, su forma. En definitiva a uno le gustan o no las formas del otro. Y ya. A mí me gusta leer lo que escribe este joven periodista lampiño y fresco. Acá, una nota con brillantez…
Categories: Artículos/notas que otros escriben y que yo disfruto
Liniers hizo un poster con dibujos de sus hermosas miniaturas de la tira. Y claro, ya está a la venta en las librerías amigas y palermitanas.
Sólo falta la cortina de baño con un Madariaga dibujado. Yo la compro, de una.
Categories: Ramos generales
Les recomiendo esta entrevista que una periodista de El Mercurio de Chile le hizo a Álex Grijelmo: español, defensor de la lengua, presidente de la agencia EFE, responsable de la redacción del manual de estilo de El País, periodista, entre otros datos destacables.
Categories: Artículos/notas que otros escriben y que yo disfruto
Ésta es la tapa cero del nuevo diario de Lanata que sale a la calle el próximo domingo 2 de marzo. Dicen que le enviaron el archivo a sólo 300 personas, por ende, me la tuve que chorear de acá.
Categories: Sobre periodismo y medios
Un 21 de febrero pero del año 2000 me embarcaba a uno de los momentos más representativos de mi vida. Ese día, llegaba al aeropuerto internacional de Miami a reencontrarme con mi papá de sangre, apellido y misma nariz. Bah, iba a encontrarme con una incógnita. La más importante.
Me acuerdo que mi vieja me acompañó a Ezeiza y su despedida me provocó algo de susto y un poco de culpa. Susto porque veía su cara repleta de lágrimas estremecidas y lógicas. Culpa, porque a pesar de ser chotísima no podemos evacuarla de nuestro ADN. Pensaba..no ma, tranquila, vuelvo, voy a conocerlo pero vas a ver que no me quedo, ni en pedo. Aunque ella no emitió palabra. Culpa. Por mi culpa…por mi gran culpa.
Cuando me acomodé en el avión, la ansiedad empezó a entorpecer mis pensamientos calmos. Miraba por la ínfima ventanilla, escuchaba música, trataba de cerrar los ojos, leía. Y a medida que atravesaba los distintos cielos los nervios se hacían indispensables. Eran parte del menú de viaje. Y claro, no era para menos. Estaba a horas de saber quién era ese hombre mitad carne mitad fantasma.
Hicimos escala en Panamá. La negrura esbelta de la gente que transitaba el aeropuerto me deslumbró. Pude, por unos minutos, enfrascar mis temores inmediatos y papales. Trámites, gentío, mujeres policías de calendario Pirelli, sellos, aviones que iban, escaleras mecánicas que venían y se quedaban con mi atención. Por suerte.
Un par de horas más y llegué a destino. Llegar a esa ciudad de plástico era como tocar a Don Johnson, era como andar en rollers, como programar la muerte de Versace. La noche y las luces miamenses delataban el esplendor del momento que se acercaba. Mis piernas, como flecos, temblaban y se resistían a la rotura extrema. Otra vez, papeles, llenar cuestionarios paranoicos made in Estados Unidos, gentes de todos los colores posibles y de los otros, policías de fábrica, tipo Swuat. Y el fin de horas de desazón.
Allá, a unos metros, y junto a mujer e hija, estaba él. Parado con su nariz que reconocí como mía y con la mirada prendida. Ahí supe que aquel hombre, que había visto muy pocas veces y que descansaba inmóvil en fotos felices, era mi viejo.
Abrazos. Piernas flojas. Chistes derramados desde los nervios y la incomodidad del encuentro. Hermana adolescente con misma naríz. Y…a casa. A su casa.
Esa, la primera noche, no mucho. La cama me esperaba. Una cama en otro país, en otra casa, en otra página de esta historia. La de la casa de mi papá. La que me iba a soportar durante los próximos tres meses. Antes de dormirme, mi viejo me preguntó qué desayunaba normalmente. Le dije, leche con Nesquik. A la mañana siguiente, me despertó un vaso frío con mi brebaje favorito. Ese señor, que durante tantas mañanas no estuvo en mis despertares y que desconocía mis gustos, trajo la leche, su mano, su mirada y un amor que había estado congelado durante una eternidad. Esa mañana abrimos la puerta para ir a jugar. Y a partir de ese momento supe que, más allá de la ausencia y de su incapacidad de ser padre, tenía un viejo. Lo tenía. Pude tocarlo y sentirlo. Y lo más importante…nos dijimos todos los te quiero que quisimos y pudimos. Un viaje irrepetible, sanador y recomendable.
Hoy, 21 de febrero de 2008, ese papi mira desde el cielo que alguna vez crucé en avión. Pero por suerte pude sentir su olor. Ahora lo retengo siempre que pienso en él.
Categories: Mis cosas