Si alguien no vio El Milagro de P. Tinto, acá tienen un breve souvenir de esta desopilante película española. Yo no puedo dejar de verla. Y cada vez que lo hago, siempre con diferentes copilotos, me sigo maravillando con los diálogos y el buen guión que supieron conseguir. La estética, capítulo aparte. Las actuaciones del elenco freak, ni hablar.
El mes que llega trae, entre otras cosas, el nuevo libro de Pedro Mairal.
Quizás, ahora que ya se disolvió la espuma Harry Pottereana, los lectores focalicen sus fuerzas todopoderosas en este autor sin anteojitos monstruosos y seguramente, sin tantos millones ni tanta superproducción. Aunque, a fin de cuentas, ¿a quién le importa los efectos especiales y las cuentas en Suiza?… A gozar con las buenas letras!
Acá, una entrevista que el diario Los Andes de Mendoza le hiciera el año pasado al autor de Una noche con Sabrina Love…
Mensaje oculto para quien cuente con alargadores de visión “MIKASA”:::No me ofendo si alguien me lo regala para mi cumple30 (qué espanto!)
Palabrerío que sale. Que se estaciona y queda. Fotos de ellas. Ellas. La. Libros que gustan. Que se presentan y se leen. Cosas que pasan. Músicas en alta y en baja. Pedeefes. Youtubes. Choreos de otros sitios. Amiguismos. Migas. Migajas. Enchastres. Leches propias y ajenas.
Soy ochomesina. A los 8 años estudié piano a la vuelta de mi casa en Don Torcuato. Fui a doble escolaridad algunos años en la primaria, pero odiaba la comida espantosa que nos daban. En mi cuadra, era la campeona femenina del torneo de bolitas. Nena tímida. En séptimo grado, fui segunda escolta. Una vez terminada esa etapa, me convertí en una auténtica vaga. Secundaria siempre en derrumbe. Era de las que se llevaba gimnasia y plástica a marzo. Igual las daba. Terminé quinto. No me fuí a Bariloche, primero porque pasé por tres colegios en cinco años; y segundo, porque detesté los videos de la gente que sí se iba. Cerro Catedral, alquiler de trajes, cabalgata, coordinador de Río Estudiantil, los pelos largos de los noventa, cánticos arriba del micro. Uf.
Cuando salí del último de los colegios, estuve un año en la EMAD, el Conservatorio de Arte Dramático. Quería ser actriz, pero me duró poco. A los 23 me casé con un chileno, allá, en el país trasandino. Todavía no me divorcié por miedo a perder la licuadora. No hay derecho. Peso 48 kilos y tengo 3 hermanos. Soledad, Santiago y Luisita. La última es venezolana y por parte de padre. Chevere. Sole tiene dos hijos soles: Agustín y Lucía, que acaba de empezar su jardín. Un fuentón por acá. 13 él, casi 3 ella. Mamá es astróloga y vive en Chile (hice el viejo truco: venite ma que te extraño y me volví para Argentina). Papá, en los cielos. Tengo un Papapa que se llama Eduardo y que me crió. Con él compartí, desde muy chica, las lecturas del Martín Fierro y Mafalda. Ahora baila tango todos los fines de semana y eso lo llena de combustible.
Disfruto del libro y la música. El cine y el teatro, rascarme el pupo, ser niña con mis amigos. Cuando sea grande quiero ir a ver una obra de Sofovich tipo El Champán las pone mimosas o una parecida pero que esté plagada de gatos. Detesto lo injusto y la desesperanza en los ojos de por ahí. Me gusta conocer, aprehender y acercarme. Estudio periodismo, lejos del escenario y cerca de la realidad (¿si?). Soy apasionada (obviamente bostera) y me hace bien el debate. También reir.
Ah, y vengo casi siempre a este bolichón!