Me compré la última TV Guía y me enteré de que Jorge Drexler está saliendo, en pareja o se la chapa a la hermosa Leonor Watling. ¿Cómo que quién es? Es la “muertita” de Hable con ella, la película de Almodóvar. Ahora te acordás. Y si. Pero, para los que no le siguieron los pasos a la dulce polola del uruguayo, acá les dejo, además de unas fotos, el link del sitio de su banda que se llama Marlango, y el MySpace. Ella canta y lo hace bien. La banda me gusta bastante.
Revistas de perfil cultural como Etiqueta Negra, El Malpensante, Gatopardo, Letras Libres o La Mano dan prueba de que en América Latina existe un espacio para el periodismo, ante todo, bien escrito. El novelista boliviano Edmundo Paz Soldán hace un repaso a estos medios que han ido ganando prestigio
Algún día, cuando se escriba la historia literaria de la América Latina de principios de este siglo, se tendrá que reconocer que las grandes innovaciones de la prosa latinoamericana vinieron de la mano de los editores, de los cronistas, de los periodistas, de los escritores de non-fiction. En esa historia por contar se verá el notable papel de algunas revistas: Gatopardo (creada en Colombia, editada hoy en México), la peruana Etiqueta Negra, la colombiana El Malpensante, la chilena The Clinic, la mexicana Letras Libres, la brasileña Piauí, la argentina La Mano.
El Pollo tenía dos entradas para ver RENT en el Konex y me invitó. Fui sabiendo que no me agradan las comedias musicales ni nada que se le parezca. Fui porque es teatro y porque una salida con un amigo es salud.
Ni bien llegamos me enteré de que el espectáculo duraba tres horas, más o menos. Supe que ese dato no iba a ser menor y que tarde o temprano sería el desencadenante de la tragedia.
Empezó.
Mucha luz, mucho chico cadereando. Una producción inmensa. Uno que salía, tres que entraban en escena. De repente, te despistabas con uno y paralelamente se encendía una luz con otro diálogo cantado. Y seguía pasando la obra, y la historia, y las luces bailarinas y los chicos con voces de locutores que contaban en pentagramas una historia importada.
Después de una hora y media de estrellitas y do mayor una voz en off dio comienzo al intervalo que duraría -dijo- quince minutos. 60 + 30 + 15 es igual a estoy cagada de hambre y mucha adrenalina a las once de la noche me hace mal.
Llegó la hora del debate. Decidíamos -el Polli y yo- si ibamos por una milanesa con papas fritas o seguíamos bailando por miles de sueños de NY. En eso me encontré con un amigo y su pareja que huían desesperados al intervalo sin retorno.
En menos de dos segundos llegamos a la triste pero anunciada conclusión de que estábamos más para buscar un lugar que nos sirviera un lechón asado a quedarnos entre todos esos chicos consumidores de Danonino. ¡Cuánta energía por deus!
Bonus Track: Salimos por Corrientes en busca del lechón. Dos milanesas con papas fritas y huevos fritos, pedimos. No, la milanesa se las debo, dijo el mozo. Nos decidimos por una suprema y un bife, pero sí o sí con papas fritas y huevos fritos. Esa era la condición de la noche. Es que después de ver a 20 pibes saltando enloquecidos ganamos el permiso para llenarnos de colesterol y grasas argentinas. Nos lo merecíamos.
Tengo una amiga que tiene un corazón industrial y se llama Meme. Que trafica dulzor en su mirada que mira. Que se sensibiliza ante la más mínima injusticia. Que no se detiene. Que hace desde el fondo y no divulga ni sale en la foto. Que tiene manos y no está vacunada contra la podredumbre de este mundo cruel.
Acá les dejo el link de una Ong que publicó una nota que Memeta escribió. Trata sobre el laburo que ella hace, junto a otros seres solidarios, en Un Techo Para Mi País. En este caso en particular la nota cuenta sobre las construcciones que hicieron los chicos en Bernales, un pueblo cerca de Lima, a siete meses del sismo en Perú.
Y bueno, entre tanta mierda me conmueve contar con esta amiga que vale oro. Sólo le pido al mundo malo que la cuide siempre y que no le quite nunca su caparazón antimugre.
A pedido del público sensible y manual. Volvieron las chicas. Eso sí, no confundir con gato con botas. Este es un desnudo artístico, cuidado, blabla. Para los chacareros que lo miran por C5N, ¡acá tienen!
Volvamos a la música. Anoche se entregaron los Gardel a los Patito Feo y a Calamardo. En fin, cruzando el interminable charco en formato YouTube llego al corte del disco nuevo de Portishead que todavía no llegó a la disquería de mi barrio. Machine gun se llama el tema. Te parte el cerebro en dos mil partes. Esto sí que es un piquete de la abundancia!!!
Esconder. Tapar. Hacer invisible lo que molesta. Que desaparezca la mugre. Que no joda. A nadie le hace bien oler a polvo. La magia miserable. ¿Alguien está sin atender?
Soy ochomesina. A los 8 años estudié piano a la vuelta de mi casa en Don Torcuato. Fui a doble escolaridad algunos años en la primaria, pero odiaba la comida espantosa que nos daban. En mi cuadra, era la campeona femenina del torneo de bolitas. Nena tímida. En séptimo grado, fui segunda escolta. Una vez terminada esa etapa, me convertí en una auténtica vaga. Secundaria siempre en derrumbe. Era de las que se llevaba gimnasia y plástica a marzo. Igual las daba. Terminé quinto. No me fuí a Bariloche, primero porque pasé por tres colegios en cinco años; y segundo, porque detesté los videos de la gente que sí se iba. Cerro Catedral, alquiler de trajes, cabalgata, coordinador de Río Estudiantil, los pelos largos de los noventa, cánticos arriba del micro. Uf.
Cuando salí del último de los colegios, estuve un año en la EMAD, el Conservatorio de Arte Dramático. Quería ser actriz, pero me duró poco. A los 23 me casé con un chileno, allá, en el país trasandino. Todavía no me divorcié por miedo a perder la licuadora. No hay derecho. Peso 48 kilos y tengo 3 hermanos. Soledad, Santiago y Luisita. La última es venezolana y por parte de padre. Chevere. Sole tiene dos hijos soles: Agustín y Lucía, que acaba de empezar su jardín. Un fuentón por acá. 13 él, casi 3 ella. Mamá es astróloga y vive en Chile (hice el viejo truco: venite ma que te extraño y me volví para Argentina). Papá, en los cielos. Tengo un Papapa que se llama Eduardo y que me crió. Con él compartí, desde muy chica, las lecturas del Martín Fierro y Mafalda. Ahora baila tango todos los fines de semana y eso lo llena de combustible.
Disfruto del libro y la música. El cine y el teatro, rascarme el pupo, ser niña con mis amigos. Cuando sea grande quiero ir a ver una obra de Sofovich tipo El Champán las pone mimosas o una parecida pero que esté plagada de gatos. Detesto lo injusto y la desesperanza en los ojos de por ahí. Me gusta conocer, aprehender y acercarme. Estudio periodismo, lejos del escenario y cerca de la realidad (¿si?). Soy apasionada (obviamente bostera) y me hace bien el debate. También reir.
Ah, y vengo casi siempre a este bolichón!