Seguramente no seré parte de la mayoría, pero bueno, ya estoy acostumbrado.
Ahh, y antes que nada, no soy k, no los vote nunca, ni lo haré seguramente.
Prefiero hablar de política, que de pequeñas anécdotas costumbristas de la dirigencia argentina.
Estoy a favor de las retenciones, estoy a favor que el sector que más ganancias genera aporte más que el resto de los sectores. Aún más a favor sí tenemos en cuenta que, es el sector que históricamente se enriqueció a costa de los otros, es el sector que hizo lo imposible para que en este país no se lleve a cabo un proceso de industrialización, es el sector que menos empleo genera ( hoy por hoy la mano de obra que se necesita en un campo es ínfima, es la industria y servicios lo que genera empleo), es uno de los sectores mas subsidiados del país ( eso significa que lo bancamos entre todos).
Es el sector que mas se favorece comparativamente a mantener una política monetaria como la que tenemos.
Más a favor sí tenemos en cuenta que es mentira que la gente vive del campo, acá los trabajadores son obreros o empleados públicos y a esos empleados públicos que el campo no puede emplear los emplea el Estado (sobre todo en el interior). Es mentira que las retenciones son las culpables del aumento del tomate, como oí decir a muchos hoy, el tomate está caro porque entre el productor y la góndola hay un millón de especuladores, los grandes supermercados por ejemplo, que son los que generan el aumento del precio.
Estoy en contra de quienes se manifestaron porque, primero, son los que nunca se manifiestan a menos que les toquen el bolsillo, les salga el gorila de adentro o teman que haya una reencarnación de Castro en la Argentina; porque son los que no se manifestaron ayer pero si se callaron en el pasado, porque nunca pensaron en manifestarse en otro tema impositivo ( por ejemplo manifestémonos en contra del IVA que es un impuesto regresivo), porque son los mismos que caceroleaban hace unos años y se olvidaron del que se vayan todos apenas mejoraron sus arcas; porque nunca fueron solidarios con la industria cuando cerraban las fábricas en los noventa ( ahí ni en sus casas se quedaron, se iban a Cancún).
Puedo también discutir acerca de lo que no concuerdo con el gobierno, pero lo dejo para otro momento o más adelante, porque para mi esta discusión es política, es decir ideológica y en este momento, mi ideología me dice que es más importante decir porque estoy a en contra de este paro histórico ( paro histórico que facilidad para usar palabras) que porque estoy en contra del gobierno
Saludos, Federico
Mientras en la Plaza de Mayo se despilfarra la pizza con champán, Terranova se hincha las pelotas de cacerolas vencidas y se manda este post que no tiene desperdicio!
¡Cómo sacuden las Essen! Y pensar que a esos “negros de piel y de alma” que cortan rutas les tiran el auto cada vez que pueden.
El viernes estuve paseando por la avenida de los gatos y los saldos. Y en una de las librerías me compré ”Equipaje de mano” de Juan Pablo Meneses. Doce pesos y unas crónicas de viaje que pronto comeré. Un día después, salió en ADN esta nota que el mismo Meneses firma y que trata sobre el periodismo portátil.
Este espacio cumple su primer mes. Yo, sentada siempre mirando al monitor que dice, también. Es raro. Todo es raro. Pero por ahora estoy, ando y las palabras -de otros y mías- salen. No sé muy bien qué quiero hacer con el blog. Sólo me interesa que todo sea desde la buena leche y el que la tiene cortada que se aparte (la leche, claro; si hay algún circunciso, como mi Polli, bienvenido sea).
En estos primeros treinta días de aparición hubo cerca de 1500 visitas. Sé que hay blogs que triplican el número, y sólo por día, pero para mí, tantos ojos que leen es muchísimo. Agradecida y abrazada me siento, siempre.
Si tienen algo para decir, háganlo en este momento o callen para siempre. Entre los globos, la piñata, y las bolsitas con cagaditas de plástico adentro me relajo para que el que tenga ganas me diga qué le pareció este primer mes de idas y venidas.
Con ánimo de amar. In the mood for love. Deseando amar. (Hong Kong, 2001).
Varios títulos para una película que se desentiende de la palabra como herramienta argumentativa. El film bordea la vida de dos vecinos que, entre el más profundo de los silencios, se encuentran. Él, ella. Se ven. Se buscan. Se piensan. Se chocan. Se siguen pensando. Y se recorren entre pasillos y destiempos mientras sus miradas son llegadas sin salidas.
Con ánimo de amar conmueve. Y no sólo por el guión tan lleno de suspiros e imaginación, también emociona el sutil movimiento de esa mujer oriental y su estricta elegancia. Hace lo suyo la música, que es de esas acostumbradas a ponerte la piel de gallina sin escalas. La imagen, los colores, la dirección de arte, la de los actores, el vestuario. La película es, en su totalidad, impecable e imperdible.
La vi hace unos años y estos días la tengo presente. No sé porqué. Les pido que se dejen llevar por estos minutos de encanto. Y no dejen de escuchar el sonido delicado de ese cuerpo en soledad.
Les convido la columna de ayer de Rafael Gumucio de El Mercurio. Entre otras cosas sobre los kilos de más, dice que: “es cierto, los gordos se matan comiendo, pero también los deportistas se matan trotando, y los yogui se matan meditando”.
Un breve collage con algunas de las escenas de una de las mejores películas del cine nacional. Casi que me sé de memoria el guión. Las actuaciones son inolvidables, particularmente la de China Zorrilla en el papel de Elviraaaa!!! Tan teatral todo. Tan a los gritos. Pasa en las mejores familias…
Palabrerío que sale. Que se estaciona y queda. Fotos de ellas. Ellas. La. Libros que gustan. Que se presentan y se leen. Cosas que pasan. Músicas en alta y en baja. Pedeefes. Youtubes. Choreos de otros sitios. Amiguismos. Migas. Migajas. Enchastres. Leches propias y ajenas.
Soy ochomesina. A los 8 años estudié piano a la vuelta de mi casa en Don Torcuato. Fui a doble escolaridad algunos años en la primaria, pero odiaba la comida espantosa que nos daban. En mi cuadra, era la campeona femenina del torneo de bolitas. Nena tímida. En séptimo grado, fui segunda escolta. Una vez terminada esa etapa, me convertí en una auténtica vaga. Secundaria siempre en derrumbe. Era de las que se llevaba gimnasia y plástica a marzo. Igual las daba. Terminé quinto. No me fuí a Bariloche, primero porque pasé por tres colegios en cinco años; y segundo, porque detesté los videos de la gente que sí se iba. Cerro Catedral, alquiler de trajes, cabalgata, coordinador de Río Estudiantil, los pelos largos de los noventa, cánticos arriba del micro. Uf.
Cuando salí del último de los colegios, estuve un año en la EMAD, el Conservatorio de Arte Dramático. Quería ser actriz, pero me duró poco. A los 23 me casé con un chileno, allá, en el país trasandino. Todavía no me divorcié por miedo a perder la licuadora. No hay derecho. Peso 48 kilos y tengo 3 hermanos. Soledad, Santiago y Luisita. La última es venezolana y por parte de padre. Chevere. Sole tiene dos hijos soles: Agustín y Lucía, que acaba de empezar su jardín. Un fuentón por acá. 13 él, casi 3 ella. Mamá es astróloga y vive en Chile (hice el viejo truco: venite ma que te extraño y me volví para Argentina). Papá, en los cielos. Tengo un Papapa que se llama Eduardo y que me crió. Con él compartí, desde muy chica, las lecturas del Martín Fierro y Mafalda. Ahora baila tango todos los fines de semana y eso lo llena de combustible.
Disfruto del libro y la música. El cine y el teatro, rascarme el pupo, ser niña con mis amigos. Cuando sea grande quiero ir a ver una obra de Sofovich tipo El Champán las pone mimosas o una parecida pero que esté plagada de gatos. Detesto lo injusto y la desesperanza en los ojos de por ahí. Me gusta conocer, aprehender y acercarme. Estudio periodismo, lejos del escenario y cerca de la realidad (¿si?). Soy apasionada (obviamente bostera) y me hace bien el debate. También reir.
Ah, y vengo casi siempre a este bolichón!