la prefiero con nesquik

Entries categorized as 'Mis cosas'

Me

Mayo 14, 2008 · No Comments

Categories: Mis cosas

Rapada

Mayo 13, 2008 · No Comments

Me rapé.

Y obvio, no soy Sinead. Ni cerca estoy de serlo, pero su pelada es más fotogénica.

Categories: Mis cosas

Malta y vacaciones para siempre

Abril 9, 2008 · No Comments

Mañana llega un amigo de Chile que viene a BAFICIar y se quedará en casa durante cuatro días. Se llama Cristóbal, le dicen flaco y es uno de esos amigos que el matrimonio bilateral me dejó. El flaco es cineasta y estrenó su primer largo el año pasado en su país. La película se llama Malta con huevo y si tengo algo para decir de ella es que es ingeniosa, está bien filmada y no se detiene. Es un desafiante y provechoso traspaso del mundo en 25 minutos a la pantalla gigante y nachos con queso.

 

Categories: Cines y teatros · Mis cosas

Al Italiano por favor…

Abril 8, 2008 · No Comments

Domingo, día de Hospital Italiano. De ovarios explosivos. Los médicos lo solucionan así: desvestite, acostate, vestite y andate. Muy grotesco. Demasiado guarro ese instante de desnudez. Y todo huele a gasa.

Eran tres en el consultorio. Una canchera, la otra sumisa y la tercera era la que estaba para los mandados. Mi abdomen no podía más. Me sentía más mujer que nunca. Y más manoseada también.

Poneme los pies acá, me dijo una de las ginecólogas que estaba supervisando todo, la madre superiora del momento. La cola bien adelante. Acá, más. Te voy a palpar, me confesó sin ningún reparo. Dale, a eso vine. Metió un coso frío que aturdió todo el calentamiento de mi ardor. Después, guante, latex y manos: adentro. ¿Te duele acá? ¿Y ésto? Y empezó la danza del cuestionamiento.  ¿Tenés relaciones? ¿Y cómo te cuidás? ¿Siempre te cuidás con ese método? ¿En toda la relación? Y otras cosas más íntimas que no detallaré.

Acto 2: Viene la segunda de las ginecólogas. Supongo que era residente o algo así. A ver, dejame a mí. Y metió su latex de residencia dominical en mi yo hembra. Mientras tanto, la número tres me tomaba la temperatura. No muevas los brazos, susurró casi como si fuera una extra de utilería de ATC. Éso fue lo único que me dijo en las dos horas que compartimos.

Podés vestirte, comandó la capitana. Me sacaron sangre. Me mandaron a hacerme una ecografía transvaginal. Era un hombre. Desvestite y tapate con esa mantita, yo te espero afuera, repitió como loro el tipo. Obedecí y me acosté en la camilla. Lo esperé. En silencio agarró el tubo frío y pálido. Lo protegió con una especie de preservativo finito y le desparramó un gel helado. Adentro. Empezó a manipular ese tubo con desfachatez. Su cara no decía nada, pero su mano derecha giraba ese pene blanco Ala mientras me rasqueteaba, como si estuviese raspando un pote de helado.

Nada. Tus ovarios están bien, el útero también. Volvé a la guardia para que la doctora te recete un analgésico más poderoso, dijo como si nada el tipo que hasta diez segundos antes había aplastado mis órganos vitales. Ahora era un perfecto extraño nuevamente.

Ibuprofeno de 600. Y a esperar que se te pase nena. Ya entendí, ya escuché, pero me duele como la puta madre, chillé. Claro que chillé. El dolor era mío. La madre superiora, la residente y la extra miraban con cara de qué querés que haga. Ya está. Diagnóstico sin glamour y a tu casa. Que pase el que sigue.

Y me fuí con su mano y su verdor. Entre tanto italiano me quedo definitivamente con Cerrella.

Dos horas. Tres manos. Domingo, ningún gol y cine shampoo por Canal 13.

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De la India a Nuñez

Abril 7, 2008 · No Comments

Una charla vía Gmail con un amigo que huele a gallina:

 

Él: ¿Vió la tapa de Clarín “Solitos en la punta”!!!?

Yo: De pelota no hablamos hoy. Hay que esperar don Juan. No se me haga el canchero.

Él: Siempre hay que esperar, pero como usted sabrá (los budistas lo saben de sobra, le aviso) lo único que existe es el presente , así que disfruto la tapa de Hoy y la punta.

Yo: Lo único que faltaba. Ja. Los budistas del tablón. Pero por favor….

Él: LOS BUDISTAS DEL TABLON es un titulazo!!!! no se para qué pero mata.

Cuando terminó su teoría sobre el presente, el budismo y los borrachos violentos, me contó lo más interesante de la charla. Soltó, en forma de primicia, el nombre del próximo disco de Spinetta. Ya se enterarán.

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Fletes S.A.

Abril 1, 2008 · 6 Comments

Estaba tratando de recordar todas las direcciones exactas de las casas en donde viví. Y como me mudé 14 veces, creo que perdí los datos. Si alguien tiene más memoria que yo le pido que me ayude a llenar el álbum.

*Guido  1149  2do. D (Beccar-Buenos Aires).

*Richieri … (Don Torcuato-Buenos Aires).

*Burgos 2263  (Don Torcuato-Buenos Aires).

*Santa Fe  2235  (Don Torcuato-Buenos Aires).

*M.T. de Alvear  1183 PA  (Don torcuato-Buenos Aires).

*Chacabuco  1975  (Don Torcuato).

*Jaramillo  2746  Depto. 4  (Nuñez-Capital Federal).

*Merced  336  2do. C  (Barrio Lastarria-Santiago-Chile).

*Hernando de Magallanes  40  Depto. 302  (Las Condes-Santiago-Chile).

*Av. Apoquindo  7149  Depto. 301  (Las Condes-Santiago-Chile).

*Av. San Martín  605  18vo. E  (Vicente López-Buenos Aires).

*Yerbal  1941  (Flores-Capital Federal).

*Barrio Catalinas (La Boca-Capital Federal). FIGU DIFÍCIL (faltan datos).

*Luis Viale… Mi última sede.

Ya sé que no es información que pueda interesarle al lector, pero tenía ganas de recordar todas esas calles con sus numeraciones que me vieron crecer en distintas moradas. Llamado a la solidaridad a mi hermana Sole. Ella se acuerda de el día en que me bautizaron (me lleva sólo dos años). Recuerda el nombre y apellido de todos los ñoños que posan en su foto de jardín de infantes. Y de la mía también. Tiene una memoria prodigiosa. Minuto Odol en el aire…

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Lluvia de marzo

Marzo 5, 2008 · 3 Comments

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El cambio de década. La molestia desafiante. El ardor del tiempo. Saber que a pesar de todo huele a niñez. La luz y la sombra. Mirar pero no ver. Cerrar la nariz para no oler lo que incomoda, lo que falta. La rayita de fiebre. La lluvia incesante y su gris de ausencias. Sacudir la estantería. Pasar el trapo. Sacar la basura. Afuera, países en límite de guerra, Hillary, dos décadas sin Olmedo. Hambres. Hombres injustos. Manos inflacionarias. Estómagos con parches. Leche en mal estado. Adentro, el número tres que se acerca. Como la penitencia más cruel e inesperada. Y pensar que cuando era chica el tres y el siete eran mis números preferidos. Cuando era chica. Chica. Chica. Eco y penitencia. Tres y mal estado. Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco… Tic tac, tic tac…

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Decí que los pollos flotan

Febrero 28, 2008 · 2 Comments

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Recién me di cuenta que siempre fuí fanática de la lluvia. Sin embargo, desde que vivo en esta casa, mi fanatismo fue desmejorando con el pasar de las inundaciones y las goteras.

Me acuerdo la primera vez que entró agua mientras dormíamos (amigo Pollo y yo, cada uno en cuarto distinto, por ende, en diferentes camas). Si no hubiese sido por ese huésped de honor, me habría tomado el primer 110 que pasaba por la calle. No me importaba mi pijama, ni que eran las cinco de la mañana y a esa hora me hubiese inundado en la parada. El agua entraba por abajo. Era como una fuente acuática pero sin romanticismo ni imágenes de postal. Había baldes, corridas, ojeras y rezos varios para detener la entrada incesante de líquidos. Quiero decir que esa mañana sobrevivimos a la evacuación gracias a ese amigo siempre listo para operar.

Decía que antes la lluvia estaba del lado de los buenos. Espero poder volver a reubicarla en ese estante placentero. Por lo pronto, ruego a los santos desatatormentas que hayan cuidado mi casa en mi ausencia. De lo contrario, tendré que comunicarme con mi evacuador estrella. Que además, se ocupa de mis cortes de pelo y es mi médico de cabecera.

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Había una vez…un papá

Febrero 22, 2008 · 5 Comments

Un 21 de febrero pero del año 2000 me embarcaba a uno de los momentos más representativos de mi vida. Ese día, llegaba al aeropuerto internacional de Miami a reencontrarme con mi papá de sangre, apellido y misma nariz. Bah, iba a encontrarme con una incógnita. La más importante.

Me acuerdo que mi vieja me acompañó a Ezeiza y su despedida me provocó algo de susto y un poco de culpa. Susto porque veía su cara repleta de lágrimas estremecidas y lógicas. Culpa, porque a pesar de ser chotísima no podemos evacuarla de nuestro ADN. Pensaba..no ma, tranquila, vuelvo, voy a conocerlo pero vas a ver que no me quedo, ni en pedo. Aunque ella no emitió palabra. Culpa. Por mi culpa…por mi gran culpa.

Cuando me acomodé en el avión, la ansiedad empezó a entorpecer mis pensamientos calmos. Miraba por la ínfima ventanilla, escuchaba música, trataba de cerrar los ojos, leía. Y a medida que atravesaba los distintos cielos los nervios se hacían indispensables. Eran parte del menú de viaje. Y claro, no era para menos. Estaba a horas de saber quién era ese hombre mitad carne mitad fantasma.

Hicimos escala en Panamá. La negrura esbelta de la gente que transitaba el aeropuerto me deslumbró. Pude, por unos minutos, enfrascar mis temores inmediatos y papales. Trámites, gentío, mujeres policías de calendario Pirelli, sellos, aviones que iban, escaleras mecánicas que venían y se quedaban con mi atención. Por suerte.

Un par de horas más y llegué a destino. Llegar a esa ciudad de plástico era como tocar a Don Johnson, era como andar en rollers, como programar la muerte de Versace. La noche y las luces miamenses delataban el esplendor del momento que se acercaba. Mis piernas, como flecos, temblaban y se resistían a la rotura extrema. Otra vez, papeles, llenar cuestionarios paranoicos made in Estados Unidos, gentes de todos los colores posibles y de los otros, policías de fábrica, tipo Swuat. Y el fin de horas de desazón.

Allá, a unos metros, y junto a mujer e hija, estaba él. Parado con su nariz que reconocí como mía y con la mirada prendida. Ahí supe que aquel hombre, que había visto muy pocas veces y que descansaba inmóvil en fotos felices, era mi viejo.

Abrazos. Piernas flojas. Chistes derramados desde los nervios y la incomodidad del encuentro. Hermana adolescente con misma naríz. Y…a casa. A su casa.

Esa, la primera noche, no mucho. La cama me esperaba. Una cama en otro país, en otra casa, en otra página de esta historia. La de la casa de mi papá. La que me iba a soportar durante los próximos tres meses. Antes de dormirme, mi viejo me preguntó qué desayunaba normalmente. Le dije, leche con Nesquik. A la mañana siguiente, me despertó un vaso frío con mi brebaje favorito. Ese señor, que durante tantas mañanas no estuvo en mis despertares y que desconocía mis gustos, trajo la leche, su mano, su mirada y un amor que había estado congelado durante una eternidad. Esa mañana abrimos la puerta para ir a jugar. Y a partir de ese momento supe que,  más allá de la ausencia y de su incapacidad de ser padre, tenía un viejo. Lo tenía. Pude tocarlo y sentirlo. Y lo más importante…nos dijimos todos los te quiero que quisimos y pudimos. Un viaje irrepetible, sanador y recomendable.

Hoy, 21 de febrero de 2008, ese papi mira desde el cielo que alguna vez crucé en avión. Pero por suerte pude sentir su olor. Ahora lo retengo siempre que pienso en él.

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