Lo logré. Soy la reencarnación de la Spice Girl deportiva. Ahora sí que estoy en composé con mi vestimenta. Imagen y acción. Comenzó la temporada de trote 2009. Tarde pero seguro. Calzitas Adidas y a triunfar por el parque. Y encima plín plín plín (¿viste que no te nombré?) me regaló el anillo de la buena leche. Piernas duras y súper poderes lechísticos. Ahora sí que no me para nadie.
No. No me gusta ir a campo. Te llenan de chivo ajeno, te pisan, te chupan. No. Ya tengo 31 años. No quiero más pogo ni andar saltando. No me da el cuerpo ni las ganas. Además, a Spinetta lo veo desde que tengo 15 años y ya lo vi en todos sus formatos y en todos sus últimos discos. Ya está. No. ¿Velez? Te queda en la concha de tu abuela. Es lejos. Atravesar toda Rivadavia me tira para abajo. No. Ahí fuí a mi primer concierto de rock (ponele). Fito presentaba El amor después del amor y me acuerdo que era lejísimo (s). Tenía 14 años. Vuelvo. No te voy. “Dale pelada, va a estar bueno. Va a cantar temas de todas sus épocas“. Ya sé. Ya lo fuí a ver mucho. No tengo ganas de hacer estadio. Spinetta no es para cancha. Y no.
Conclusión: ya tengo mi entrada para verlo en Velez. Así soy. No. No. No. Y capaz que es un sí de acá a Liniers. Espero que toque temas de Alma de diamante, Kamikase, A 18′ minutos del sol, Tester de violencia, etc. Copate Luis Alberto… que me clavo una canchita sólo para verte brillar.
Es así. Uno deja de apretar el send y de repente, como por arte de magia, empiezan a caer los mensajes preguntando qué es de tu vida, si te tragó un ovni, si seguís en este mundo. Dejás el send de lado, perdés el turno por decisión propia y como resultado avanzás los casilleros de prepo. A veces este mecanismo está bueno porque salís como primera figura y tenés la foto más grande en la marquesina. Otras veces querés que la persona que escribe se encuentre una nueva distracción y así deja de mandarte mensajes que tendría que haber mandado en otro momento. Momento que ya no es. Es así. Cuando querés que te busquen están ocupados mirando Bob Esponja y cuando preferís que el viento los mande a Mongolia empieza la danza de la preocupación vía SMS. Hoy estamos, mañana no. Ya te lo dije.
¿Why so serious, Ana Clara? Señalarme que debo llamarte Ana Clara es una exigencia severísima. ¿Ni siquiera Annie? Me decís que no me ofenda. No me ofendo, Ana Clara. Tarzán tiene un gran corazón. Pero por este camino nos acercamos dolorosamente a Srita. Benda. ¡Quiero amarla, Srita. Benda! ¿Escuchás? Está mal. Está mal como literatura y así no vamos a entendernos. Es la primera vez que le escribo a una foto y pienso que a través de esta garcha podríamos conocernos. Give peace a chance, pequeña. Si invertimos el orden de las cosas (hablar después de haber escrito), no vamos a sentir ningún sobresalto. Fijate: una semana entera y no te pregunté si venís siempre a bailar acá. Esquivar el folklore del habla y arrancar desde el lado más difícil, desde la escritura. ¡Un aplauso para Tarzán, che! ¿Ves? Es el público que sigue nuestra historia en la tele. Te quiero conocer por amor a la historia, por pura curiosidad y por puro porque sí. Vi fotos tuyas y leí tu blog y no sé cómo suenan tus manos o cómo se mueve tu voz y más aún (¡máxime!) nunca te escuche reír. Te quiero conocer porque el mundo es redondo (ya dije lo de las paredes: la geografía favorece a los audaces).
Hoy me pido un chau-jo-fen, mixto, con carne y pollo
¿Por qué no me crees? ¿Por qué tantos reglamentos? Yo imagino el Barco de los Afortunados libre de cubiertos y mantelitos y cortinitas, y poder comer con la mano y tirarse pedos y erutar ruidosamente. En realidad, siempre comemos con la mano, Ana. Tout le reste est… para la foto. Me decís que no puedo escribirte “así” porque soy un desconocido. Y yo te escribo “así” precisamente por eso, porque no te conozco. No entiendo por qué el miedo, ¿miedo a qué, mujer?
Y dejá de pelear. Pe-li-ar.
Quiero saber quién sos, no puede ser que eso te enoje tanto.
Y tus mensajes no son una garcha; de hecho, los primeros dos fueron muy graciosos; el resto un poco breves, eso sí.
Y no, no te estoy cargando.
Anoche fue la primera vez en nuestra historia que te dije no. Estaba todo listo y me salió decirte que mejor hoy no. Y me dormí regia. Sábanas nuevas, depilación entera (todaaaa), encremada hasta la nuca y no. Hoy no. Y bueno. Qué se le va a hacer. Hoy estamos, mañana no. Una de cal, otra de arena. En este caso, casi siempre arenero. Pero anoche pintó la cal, nene. El quilibrio se está asomando.
¡Aparecimos en la tele, Anuschka! Justo después de Calabromas. ¿Qué injusticia explica que ya no exista Hiperhumor? Se lo pregunto al universo, Ana. Cuando éramos chicos mi hermano, el gordo de mi hermano, me decía Borromeo. Un hijo de puta. Le decía Borromeo a Tarzán. Se aprovechaba de que era cuatro años más alto y más gordo y más tonto que yo. ¿Qué rompiste, Borromeo? Lo peor es que el tipo tenía razón; yo era una máquina de destruir objetos inmaculados. Lo que rompía transmutaba en ese mismo instante en un Jarrón Ming. Un puto Jarrón Ming, y el gordo se cagaba de risa. ¿Qué rompiste Borromeo? Si le saltaba encima y le llenaba la panza de golpes, era peor: se reía más todavía. En fin. Antes que me olvide: no se dice Nesquik, Anita, se dice Sucoa. O sea: primero Cindor, después Sucoa, y ya. No hay tercero. Nesquik ni siquiera está tercero. Cuando entré a tu blog, en ese preciso instante, estaba escuchando Back to Black de Amy Winehouse. Si, ya sé, increíble. ¿Te das cuenta lo difícil que es lograr un grado tan alto, tan perfecto y redondo, de coincidencias? Yo nací en Aries y vos tenés una luna en Aries. La heladera vacía, ídem: mi heladera es tan pequeña que si la lleno rezonga. Nunca fui empleado del mes, pero me echaron de 5 laburos (la sociedad no respeta a los filósofos). Y por supuesto, no tengo ni idea que es leche con GG, pero te banco igual. Somos grandes, pequeña, ya podemos ver El champán las pone mimosas. No está más, claro. También levantaron Más pinas que las gallutas. Sí, Hiperhumor y Más pinas que las gallutas no están más. Pero existe Vedettísima. Puro teatro de revistas, sobre la calle corrientes, Sofovich’s way, plagado de gatos. Te invito, Ana. Yo, Tarzán, te invito a ver Vedettísima y reírnos a mandíbula batiente con Gianola y Emilio Disi y Tristán. ¡Atención! No hace falta que contestes de inmediato o a las apuradas; para sugerirme un siquiatra, mandarme el bobero o publicar mi mensaje en la Viva de Clarín hay tiempo. Si lo pensás dos veces, Ani, Anita, Anuschka, el sí te sale sólo. Ir a ver Vedettísima con Tarzán. Priceless.
El martes me puse a buscar un libro por Internet. Un libro o información sobre un autor, no me acuerdo. Algo de literatura argentina. Supongo que debo haber llegado a la página del Interpretador o de alguna otra revista literaria o vaya uno a saber dónde. Cuestión que llegué al Facebook de Incardona. Tu nombre, con A de Ana, sale al principio. Y a mi me gustó tu foto. Esto es: (a) me gustó la imagen, los colores, la pose, etc., (b) me pareció interesante, atractivo, etc., que la chica de la foto dejase desnudo el cuerpo y se tapase la cara, (c) ese martes hubo un ítem (c) y otro (d) y así. Eso: me gusto tu foto y te escribí. ¿Quién soy? El que te escribe. Le decís a “Perla” que cuando yo te digo que “quiero amarte” estoy más loco que Brel. Que como no te conozco mi declaración es falsa. Obviamente, tenés razón. Yo le escribo a una foto, pero no es la foto lo que nos interesa. Ni a vos ni a mi. Lo que yo quiero saber es quién sos. La declaración es en verdad una pregunta. Lo más sencillo, lo más previsible, hubiese sido que no respondieses el primer mensaje. Yo enviaba mis preguntas y nadie respondía. Pero, en vez de eso, habiendo pasado por Tarzán y la psicóloga, estoy escribiéndote el domingo a la noche. Quiero saber quién sos. ¿Por qué? Porque no hay paredes.
No, gracias a vos.
(Anuschka es bellísimo, igual si hace falta lo borramos. ¿Anya? Anya es un poco más porno, pero es lindo lo mismo)
Desde hace una semana que me llegan mensajes a Facebook de un desconocido absoluto llamado Pablo. Pongámosle que soy una perseguida o tengo poco sentido del remo, pero debe quedar documentado que hay gente que está mal y manda mensajes a la marchanta. Ésto empezó así:
Quiero amarte, Ana. ¡Perdon, pero qué lindo el nombre Ana! ¡Qué lindo que tengas los brazos así! No tengo idea quién sos, pero I have a dream, Ani, Anita, Anuschka. ¿Te diste cuenta que en esa foto salís con barba? Te queda bien, ojo. Soy un apasionado de las mujeres barbudas, escribo sus nombres en las paredes, Oh Anya. Tu barba, amorcito, está llena de colores que hacen juego con tu cara. Es un detalle que velocifica toda la imagen. ¿Porqué tan sola? Velocifiquémonos, sweet annie. Pusiste los brazos en el mismisimo centro de la mismisima foto, adelante de un fondo celeste, muy iluminado. Fijate que el vulgo desnuda la cara y se cubre el cuerpo. Vos estás al revés, pequeña. ¿Y eso qué significa? Ana, quiero amarte.
perdón…
te equivocaste de persona???
El destino que usted intenta alcanzar, etc. Pero no. Soy yo, Ana, Tarzán. Tu Tarzán, Ana. Debí firmar el mensaje anterior, haber puesto Tarzán después de “Ana, quiero amarte”, o más bilardista invertir la declaración, poner “quiero amarte, Ana”, y escribir Tarzán inmediatamente después del punto, logrando un efecto de proximidad pictórica entre nuestros nombres. Yo, Tarzán, oh Anuschka, remonte media selva para que sepas todo lo mío. Todos tus días tienen 24 horas y los míos también. ¿Te das cuenta? Dos almas siamesas. Vos te llamás Anuschka y yo tengo 800 Vidas para regalarte. 800 Vidas, Ana. Tarzán.
¿me estás cargando o te paso el teléfono de mi psicóloga?
Anuschka va a la psicóloga. Hablale de mí. Decile que conociste a Tarzán por Feisbuc. Decile que Tarzán dice que tu nombre es Anuschka, que prefiere las mujeres barbudas, y que quiere amarte. A vos te hospitalizan en el culo del mundo y yo nado hasta allá para llevarte un árbol de flores. Sí, Ana, soy nadador. Ahora se me ocurre esto, mirá: acá a la vuelta para el Barco de los Afortunados. Es gratis y podemos navegar los siete ríos escuchando a Hendrix y comiendo con la mano. ¡Abordemos el Barco de los Afortunados, Ana! Quiero que pienses que ser feliz es sencillísimo, pequeña Annie. Fijate en Obelix. Obelix fue feliz: se drogó de chiquito y quedó así para siempre. Y lo mismo Lao Tsé que se fumaba entero un arrozal. Y Sandro fue Sandro. Y Artaud fue Artaud. Y los Sex Pistols fueron una banda buenísima. Y así.
Además, no hay paredes y lo que yo quiero saber es quién sos.
Eso, ¿quién sos?
estás loco.
soy ésta.
la que está acá.
Vos te paseas por feisbuc con la cara pintarrajeada de coloretes ¿y el loco soy yo? Así el mundo se va a la mierda, eh? En verdad yo siempre quise que fueses la que está acá. Más aún (máxime!) que seas esta, Anuschka, la chica que se abraza. ¿Conocés la desgraciada historia de Jacques Brel? Jacques Brel fue a la estación todas las tardes de todas las semanas y soportó que la lluvia cayese sobre sus lilas y soportó que cerrase el bar de Eugenio y soportó que el tren partiese sin él. Entonces se dijo: es esencial saber de antemano dónde es acá.
En tu opinión, Madeleine va o no va?
no me paseo por ningún lado.
no me llamo anushka.
no tengo idea si va o no va.
sigo sosteniendo que estás chiflado.
¿cómo alguien puede escribir estas cosas a un desconocido?
estamos todos locos.
Mi hipótesis es esta: Madeleine es mentira. La astuta fantasía de nuestro encapotado amigo Jacques ha obrado todo el asunto porque sabe lo tonto, inútil y falso que es cantar sólo. La lluvia, el tren, el ridículo impermeable, el banquito de plaza, etc., toda la bijouterie, obedece a puras razones musicales. Una puesta en escena. Ahora bien: si pese a todo la canción es real, la aparente falsedad queda redimida. Si la canción es real, todo deja de ser artificioso, en particular Madeleine que es el tema de que se trata. Si es falsa, en cambio, si no hay una pizca de verdad en lo que se canta, Brel está loco. Como ves, todo consiste en decidir si la canción es o no real. That’s the fucking question.
Loco estaba Artaud y fue un muchacho admirable, ojo.
Me voy a pedir un chaw fan mixto.
Contate algo.
¿Es posible encanutar información de uno sin perder la escritura en este espacio? ¿Cómo hago para decir cosas mías sin desangrarme como siempre? Necesito ser más canuta que antes. Lo necesito sí o sí. ¿Quién me ayuda? Tírenme tips del blogger canuto. ¿Hago un blog ficcionado mechado con recetas de cocina o lo cierro?
Palabrerío que sale. Que se estaciona y queda. Fotos de ellas. Ellas. La. Libros que gustan. Que se presentan y se leen. Cosas que pasan. Músicas en alta y en baja. Pedeefes. Youtubes. Choreos de otros sitios. Amiguismos. Migas. Migajas. Enchastres. Leches propias y ajenas.
Soy ochomesina. A los 8 años estudié piano a la vuelta de mi casa en Don Torcuato. Fui a doble escolaridad algunos años en la primaria, pero odiaba la comida espantosa que nos daban. En mi cuadra, era la campeona femenina del torneo de bolitas. Nena tímida. En séptimo grado, fui segunda escolta. Una vez terminada esa etapa, me convertí en una auténtica vaga. Secundaria siempre en derrumbe. Era de las que se llevaba gimnasia y plástica a marzo. Igual las daba. Terminé quinto. No me fuí a Bariloche, primero porque pasé por tres colegios en cinco años; y segundo, porque detesté los videos de la gente que sí se iba. Cerro Catedral, alquiler de trajes, cabalgata, coordinador de Río Estudiantil. Cuando salí del último de los colegios, estuve un año en la EMAD, el Conservatorio de Arte Dramático. Quería ser actriz, pero me duró poco. A los 23 me casé con un chileno. A los 26 me separé. Peso 48 kilos y tengo 3 hermanos. Soledad, Santiago y Luisita. La última es venezolana y por parte de padre. Chevere. Tengo dos sobrinos: Agustín y Lucía y uno tercero que ya está en puerta: Facundo. Mamá es astróloga y vive en Chile. Papá, en los cielos. Tengo un Papapa que se llama Eduardo y que me crió. Con él compartí, desde muy chica, las lecturas del Martín Fierro y Mafalda. Ahora baila tango todos los fines de semana. Disfruto del libro y la música. El cine y el teatro, rascarme el pupo, ser niña con mis amigos. Cuando sea grande quiero ir a ver una obra de Sofovich tipo El Champán las pone mimosas o una parecida pero que esté plagada de gatos. Detesto lo injusto y la desesperanza en los ojos de por ahí. Me gusta conocer, aprehender y acercarme. Estudié periodismo y trabajo en televisión. Soy apasionada (obviamente bostera) y me hace bien el debate. También reir. Ah, y vengo casi siempre a este bolichón!