Me compré la última TV Guía y me enteré de que Jorge Drexler está saliendo, en pareja o se la chapa a la hermosa Leonor Watling. ¿Cómo que quién es? Es la “muertita” de Hable con ella, la película de Almodóvar. Ahora te acordás. Y si. Pero, para los que no le siguieron los pasos a la dulce polola del uruguayo, acá les dejo, además de unas fotos, el link del sitio de su banda que se llama Marlango, y el MySpace. Ella canta y lo hace bien. La banda me gusta bastante.
Volvamos a la música. Anoche se entregaron los Gardel a los Patito Feo y a Calamardo. En fin, cruzando el interminable charco en formato YouTube llego al corte del disco nuevo de Portishead que todavía no llegó a la disquería de mi barrio. Machine gun se llama el tema. Te parte el cerebro en dos mil partes. Esto sí que es un piquete de la abundancia!!!
Si bien todavía no está a la venta -sale en abril- ya se puede conseguir algo del nuevo y esperado disco de Portishead. El álbum se llama Third y es el cuarto que graba la banda británica luego de que se tomara un pequeño recreo de 10 años! Ella, divina y arqueada como siempre. El sonido, entre el dulzor de su voz y lo inquebrantable de la música, no deja de temblar.
Y que no cunda el pánico. O panda el cúnico. En el post anterior hubo queja. Ahora, prendan los oídos y lustren los ojazos nublados de tanto ver. Disfruten de estos pocos pero contundentes minutos de Camille.
El lunes pasado presencié, gracias a un amigo que consiguió colarme en la lista de producción, la grabación del programa “Íntimo e interactivo” (Much Music) del grupo mejicanote Café Tacuba. Poca gente, serie de fans y mucha energía desplegada a cargo del cuarteto chompira.
Yo, estaba a dos metros del seudo escenario con cara de qué bien se te ve. Rodeada de luces de estudio de televisión y técnicos de todos los colores. Mis caderas lindaban con el set de guitarras y bajos que, tema a tema, se turnaban para ser parte del show. A cargo de ese kiosquito de miles de dólares estaba un plomo azteca del que me hice compinche. Un mexicano bastante encantador, debo decir. El tipo corría, alcanzaba toallitas blancas que pasaron todo desafío de blancura existente, afinaba cada instrumento, y hasta se dio el lujo de cambiar una cuerda en dos segundos.
El show estuvo aplanador desde el sonido. Mucha sinergia entre ellos. Tocaron temas conocidos y de los otros también. Se los notaba sencillos y amigables. Pero el groso es el líder de la banda, sin duda. El chiquitito con trenzas claramente contrabandea onda al por mayor. Su peinado, su vestimenta, su carisma y su simpatía lo convierten en líder indiscutido. Y para terminar con las flores, los tipos hicieron la coreografía del tema “Déjate caer” sin ninguna timidez. Grosos. Torpemente desprendieron brazitos por un lado, pasitos por el otro y plastificaron ese momento como el sublime del concierto.
Cuando todo acabó pensé en pedirle a mi cuate la lista de temas, pero una hoja con letras escritas por no sé quién mucho no me iba a aportar. La gente a mi alrededor ligó puas del guitarrista, pero yo sólo puedo tocar temas del siempre galán Sergio Denis. Y ni siquiera los hits del último disco, me quedé con “Te quiero tanto“… En fin. Seguí pensando. Y llegué a la temible conclusión que el souvenir que quería llevarme era el reloj del plomo copado. Era de muchos colores y brillaba insistentemente en la oscuridad. Pero la cara de qué bien se te ve no dio para tanto. Me fuí con el recuerdo del goce contundente.
El cuartetazo también tuvo que charlar con la rubia del canal de música. Que qué hacían antes de, qué cómo son las giras, qué blasblasblas. Qué bajen a la blonda del tablao y que suenen los acordes cafeteros.
Mi amigo, que labura ahí, me contó que el especial saldrá recién en abril. Mientras tanto, les dejo dos YouTube de aquella noche.
Palabrerío que sale. Que se estaciona y queda. Fotos de ellas. Ellas. La. Libros que gustan. Que se presentan y se leen. Cosas que pasan. Músicas en alta y en baja. Pedeefes. Youtubes. Choreos de otros sitios. Amiguismos. Migas. Migajas. Enchastres. Leches propias y ajenas.
Soy ochomesina. A los 8 años estudié piano a la vuelta de mi casa en Don Torcuato. Fui a doble escolaridad algunos años en la primaria, pero odiaba la comida espantosa que nos daban. En mi cuadra, era la campeona femenina del torneo de bolitas. Nena tímida. En séptimo grado, fui segunda escolta. Una vez terminada esa etapa, me convertí en una auténtica vaga. Secundaria siempre en derrumbe. Era de las que se llevaba gimnasia y plástica a marzo. Igual las daba. Terminé quinto. No me fuí a Bariloche, primero porque pasé por tres colegios en cinco años; y segundo, porque detesté los videos de la gente que sí se iba. Cerro Catedral, alquiler de trajes, cabalgata, coordinador de Río Estudiantil, los pelos largos de los noventa, cánticos arriba del micro. Uf.
Cuando salí del último de los colegios, estuve un año en la EMAD, el Conservatorio de Arte Dramático. Quería ser actriz, pero me duró poco. A los 23 me casé con un chileno, allá, en el país trasandino. Todavía no me divorcié por miedo a perder la licuadora. No hay derecho. Peso 48 kilos y tengo 3 hermanos. Soledad, Santiago y Luisita. La última es venezolana y por parte de padre. Chevere. Sole tiene dos hijos soles: Agustín y Lucía, que acaba de empezar su jardín. Un fuentón por acá. 13 él, casi 3 ella. Mamá es astróloga y vive en Chile (hice el viejo truco: venite ma que te extraño y me volví para Argentina). Papá, en los cielos. Tengo un Papapa que se llama Eduardo y que me crió. Con él compartí, desde muy chica, las lecturas del Martín Fierro y Mafalda. Ahora baila tango todos los fines de semana y eso lo llena de combustible.
Disfruto del libro y la música. El cine y el teatro, rascarme el pupo, ser niña con mis amigos. Cuando sea grande quiero ir a ver una obra de Sofovich tipo El Champán las pone mimosas o una parecida pero que esté plagada de gatos. Detesto lo injusto y la desesperanza en los ojos de por ahí. Me gusta conocer, aprehender y acercarme. Estudio periodismo, lejos del escenario y cerca de la realidad (¿si?). Soy apasionada (obviamente bostera) y me hace bien el debate. También reir.
Ah, y vengo casi siempre a este bolichón!