RENT, carne y colesterol

El Pollo tenía dos entradas para ver RENT en el Konex y me invitó. Fui sabiendo que no me agradan las comedias musicales ni nada que se le parezca. Fui porque es teatro y porque una salida con un amigo es salud.

Ni bien llegamos me enteré de que el espectáculo duraba tres horas, más o menos. Supe que ese dato no iba a ser menor y que tarde o temprano sería el desencadenante de la tragedia.

Empezó.

Mucha luz, mucho chico cadereando. Una producción inmensa. Uno que salía, tres que entraban en escena. De repente, te despistabas con uno y paralelamente se encendía una luz con otro diálogo cantado. Y seguía pasando la obra, y la historia, y las luces bailarinas y los chicos con voces de locutores que contaban en pentagramas una historia importada.

Después de una hora y media de estrellitas y do mayor una voz en off dio comienzo al intervalo que duraría -dijo- quince minutos. 60 + 30 + 15 es igual a estoy cagada de hambre y mucha adrenalina a las once de la noche me hace mal.

Llegó la hora del debate. Decidíamos -el Polli y yo- si ibamos por una milanesa con papas fritas o seguíamos bailando por miles de sueños de NY. En eso me encontré con un amigo y su pareja que huían desesperados al intervalo sin retorno.

En menos de dos segundos llegamos a la triste pero anunciada conclusión de que estábamos más para buscar un lugar que nos sirviera un lechón asado a quedarnos entre todos esos chicos consumidores de Danonino. ¡Cuánta energía por deus!

Bonus Track: Salimos por Corrientes en busca del lechón. Dos milanesas con papas fritas y huevos fritos, pedimos. No, la milanesa se las debo, dijo el mozo. Nos decidimos por una suprema y un bife, pero sí o sí con papas fritas y huevos fritos. Esa era la condición de la noche. Es que después de ver a 20 pibes saltando enloquecidos ganamos el permiso para llenarnos de colesterol y grasas argentinas. Nos lo merecíamos.

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2 Respuestas a “RENT, carne y colesterol

  1. Excelente el comentario. Brindo por ese colesterol nativo (fritas sí, colonia no!). Ahora bien, creo que yo hubiera ido directo por el lechón, sin esperar a ver ni un minuto de comedia musical. Así que se puede decir que un poco transaste, pero bue… Se perdona. Me queda la sospecha de que el público de estas comedias está conformado en un 10% por fans del género (público genuino, digamos), un 20% de amigos y familiares de los artistas (no olvidemos que son elencos multitudinarios) y en un 70% por invitados, prensa y amigos de los productores.

  2. Yo fuí parte de ese 70%.
    De todos modos, ya aprendí -creo- la lección: nunca más aplastar el culo durante tres horas para que un grupete de adolescentes desaforados te griten sin parar. Y encima te muevan las caderas con tanta danza desenfrenada. No y no.
    Gracias Diego por la visita. Siga pasando y mejórese del ojo.

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