Yo leo, tú lees, nosotros nos fastidiamos

La Feria del Libro de Buenos Aires despilfarra diversas opiniones, siempre. Que si es un shopping de la cultura, que si la gente que lo visita no lee. Que si Piglia, que si Cobos. Que si las chicas promotoras, que si el túnel rojo. Pero en definitiva, lo que queda y prevalece son sólo cifras, cifras y más cifras. Y según datos oficiales, los números se superan año a año, hoja a hoja, stand a stand. Parece ser que este año hay más empleados de seguridad que el anterior. Que el stand de la  librería Libertador tuvo un mostrador más que años anteriores. Que Fernet Branca pudo contratar a ocho promotoras más. Que el señor que te corta la entrada en la puerta pudo pagarse toda la prótesis dental y así su sonrisa tiene más puntos de rating. Que las mesas de saldos, este año, tienen más títulos en ediciones pedorrísimas, pero bueno che, hay más, no importa que el papel sea símil papel higiénico hoja simple. Pareciera que es una carrera hacia un guiness que a nadie le importa, salvo a quienes organizan esta calculadora científica lista para sumar.

Ir a la Feria del Libro es ir a ser parte de una estadística. Es hacer la cola para que la chica de peluca verde te sirva uno o varios fernet. Es atragantarte de fastidio porque no tolerás a la gente que entra a fastidiar. Como esa señora que se sentó a mi lado en una charla que daban dramaturgos como Pavlovsky, Muscari y Briski sobre los 25 años en democracia. Sólo entró al salón a fastidiar. Porque cuando hablaba uno me chistaba para que le dijera quién era el que estaba hablando, y cuando tomaba la palabra otro repetía la misma operación fastidiosa. Y no le importaba lo que decía cada uno, sólo quería chusmear a quién estaba viendo. Señora. No sé los nombres. No me rompa más las pelotas. Agarre un programa. Levante su culo fofo de tanto mamarse tardes de Utilísima y vaya al stand de manualidades en papel crepé. Si existe esa señora que sólo se sienta para fastidiar, llego más rápido a la triste pero concreta conclusión de que en esta ciudad la Feria del Libro es una miseria.  Es un negocio de pocos y una cuenta redonda. Todos los demás, quedamos afuera del bisnes y de la suma. Como casi siempre, bah.

 

 

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