Teoría sin fines de lucro

En noviembre del año pasado formé parte de la colecta anual que realizó la ONG Un Techo Para Mi País. A mí, como a tantos otros, me tocó la zona de Plaza Francia. La consigna era juntar dinero para la construcción que se hará el fin de semana del 25 de mayo.

Ese día, hicimos de todo para juntar más y más: nos subimos a los bondis, caminamos la plaza, las calles, hablamos con muchos. En un momento, conversamos con una persona. Él era chileno y estaba trabajando en Buenos Aires. Le pedimos plata, le contamos, le explicamos. Y nos miró la pechera que llevábamos puesta: tenía el sponsor de LAN. “No, yo no pienso poner un peso acá”, soltó el amigo trasandino. Yo le pregunté el porqué. Y me dijo que no estaba de acuerdo con financiar una ONG que tenía de sponsor a esa empresa corrupta. Que el dueño de LAN era un chorro. Que los políticos. Que las mares en coches y en aviones. Le dije que respetaba su opinión y que conocía perfectamente a Sebastián Piñera -viví en Santiago unos años-. También le dije que la gente del barrio Nicole de La Matanza no tiene ni la más puta idea de quién es Piñera. A esa gente le interesa abrigarse y refugiarse y comer y ponerle zapatillas y abrigos a sus chicos. Y así terminó nuestra charla.
 
Mientras ese hombre piensa sobre cómo deberían ser las cosas, cómo debiera ocuparse el Estado para erradicar la pobreza, y cuán malo es el dueño de LAN y sus sucios fondos; otros se ocupan de construir en La Matanza a gente que ni viaja en avión y tiene prioridades existenciales y básicas como comer y tener un techo que no sea de lona.
 
A mí me importa muy poco si LAN explota a sus empleados. A todos nos explotan. A unos más, a otros menos. Quedarse parado opinando sobre la utopía del deber y el derecho es pajearse soberanamente. Y yo soy la primera en criticar, pero en estos casos la teoría es inválida. El debate no tiene lugar en La Matanza. Ahí no. Tiene que ir por otro carril. En estos casos, sólo importa el otro que nadie ve. Ese otro que jamás conocerá a Piñera, pero está cagado de hambre y tiene ocho chicos para abrigar.
 
Si te interesa ir a la construcción de La Matanza, escribí a voluntariosba@untechoparamipais.org.ar

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