Casa para tres

El fin de semana pasado estuve en la construcción en el barrio Nicole de La Matanza. A mí me tocó ayudar a construir la casa para Yani, Eze y su papá Rodolfo. Ellos viven en una casucha de 3×3 (literalmente) que tiene dos camas y una mesita. No tienen ni heladera, ni cocina, ni muebles ni nada. Ni siquiera tienen baño, sólo un inodoro con unas telas que lo cubren que queda a diez metros de la casita. Tampoco tienen una mamá. La que les tocó no los ve y cuando lo hace los caga a golpes. Esa mamá, a sus trece años ya tenía tres hijos de otros hombres.

El viernes llegamos a la escuela que nos prestó sus aulas para que durmamos con nuestras bolsas de dormir. Eramos 600 voluntarios repartidos en varios colegios del barrio. En mi escuela, eramos 100. En mi aula, 20. Veinte chicos de distintos barrios, con diferentes vidas, pero con una misma intención: construir casas para esas 50 familias.
 
El sábado a las 6.30 de la mañana la música nos despertó a todo volumen. Era hora de abrigarse y llenarse de ánimo. Después del desayuno, cada cuadrilla se hacía de sus herramientas y de la comida para el día. Cada cuadrilla tenía diez voluntarios. La mía, con palas y fideos empezaba la construcción.
 
Llegamos a lo de Rodolfo y los chicos ya nos estaban esperando. Yanina tiene diez años y Ezequiel, ocho. Ellos, junto a su papá, nos ayudaron en todo momento con la construcción. Nos preparaban mate, nos lo servían. Los pozos para clavar los pilotes, las mediciones, el barro, ir a juntar cascotes para rellenar los pozos, la tierra. Mientras, jugábamos a bailar Patito feo. “Mira esa fea, allá hay otra fea”, cantaba Yani con su voz y su cuerpo de estrellita movediza. Eze, la seguía con mucha timidez.
 
Al mediodía Rodolfo cocinó lo que habíamos llevado: fideos con tuco para los 13! Estaban muy buenos. En el almuerzo tratamos de compartir “en familia” con ellos. Particularmente traté de acercarme a la historia de ellos a través de pequeñas charlas con Rodolfo. Él es un hombre muy pero muy tímido y reservado. Pero a pesar de eso, traté de llegar y algo supe. Que le mataron a un hijo, que tiene en total once, que es de Salta y que ahora está haciendo changas. Que nadie nunca nada. Que no deja que sus hijos toquen la calle. Que los cuida y quiere lo mejor para ellos.
 
La relación de los tres es admirable. Nunca un grito, nunca un maltrato. Tienen hambre y mugre, frío y hambre, pero tienen algo que muchos de nosotros no tenemos. Entre ellos existe el buen trato, la colaboración, el respeto, el cariño, el apoyo. Ante un pedido del padre, los chicos no resongan. Van y hacen los mandados. Van y buscan una escalera a lo del vecino. Van y cooperan. Entre los tres hacen un triángulo perfecto. Es cierto que carecen de mucho, pero son respetuosos entre ellos y se ve que no existe el miedo al padre como en muchas familias donde las cosas se hacen por temor a la paliza. Se piden por favor, se agradecen. Se miran con respeto y dedicación. Saben que sólo están ellos. Que desde ellos saldrá un adelante, a pesar de las dificultades. Yani es abanderada y Eze es un bebé que necesita cariño y mimos constantemente. Eze y yo estuvimos pegados los dos días. Nos necesitábamos mutuamente.
 
Pasó el sábado, pasó el domingo y su casita de madera y techo de chapa quedó construída. Pasaron del 3×3 al 6×3 y la idea de Rodolfo es unificar las casillas. Y tiene el deseo de hacer el baño. Y de que Yani sea doctora.


 
Cuando nos íbamos, yo lloré y Ezequiel me pidió que volviera. Se lo prometí. Me lo prometí a mí también. Sé que voy a volver un sábado de estos. Sé que ahora que los conozco y que ellos me conocen a mí estaremos conectados. Pero me prometí volver una próxima vez cargada de cosas que ellos necesiten. Por eso el mail, por eso el pedido.
 
Les pido a todos que se fijen en sus placares y separen todo lo que no usen. Ellos necesitan ABSOLUTAMENTE TODO. No tienen casi nada. Necesitan ropa, juguetes, zapatillas, abrigo, frazadas, alimentos, todo lo que creas que a Eze y a Yani les puede servir. Y a su papá también. Ayudame a llegar a Nicole llena. Dale. Pedile a tus amigos, a tus viejos, al cerrajero de la cuadra. PEDIIIIIIIIIIIIIIIIII.
 
Y escribime para recolectar todo a anaclarabenda@gmail.com

GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!
Un abrazo eterno y gigante.
 
Ana Clara°

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