Raquel

Llego al laburo. Veo los diarios y leo un nombre que rápidamente me trasladó a cuando yo tenía 18 años y el mundo occidental 1996. Ese año milité en HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Era pendeja y tenía ganas de hacer algo con todo lo que creía en ese momento. Me interesaba mucho -me sigue pasando, aunque con otros matices- la historia de los ’70 y lo cometido en esa época de mierda en nuestro país y vecindades cercanas. Leí algo, escuché otro poco, pero sentí la necesidad de hacerlo carne, de hacerme presente. Había tenido un novio que tenía a sus papás desaparecidos y eso también ayudó a mi acercamiento militante.

Carne. Sede de Familiares. Edificio frente al Anexo del Congreso. HIJOS se estaba armando en ese entonces. Se habían encontrado en el 95′ en Córdoba y de a poco tomaban forma como organización. Y en ese cuadro caí yo y toda mi adolescencia torcuatense.

Yo formaba parte del frente de apoyo y nos juntábamos todos los sábados en el sótano de la sede de Familiares. Los jueves, asambleas. Ahí participábamos todas las comisiones y se discutía bastante. Bastante. Bastante y mucho. Cada jueves volvía de madrugada en el 60 que atravesaba la General Paz con la cabeza batida. Cada jueves llegaba a Torcuato modificada. De esas asambleas salieron cosas importantísimas y de allí nacieron, por ejmplo,  los escraches.

En ese paisaje conocí a Raquel Robles, el nombre que hoy despertó mi felicidad a la mañana. Cuando vi su foto en la tapa de Clarín me puse contenta. No tenía idea que Raquel escribía, pero me pareció una gran noticia. Ella es una de las minas que estuvo en los comienzos de HIJOS. Siempre estuvo ahí, poniéndole el cuerpo y la voz a la organización. Me acuerdo de su pelo. Me acuerdo bien de su pelo. La Raquel de aquellos años tenía mitad del pelo rubio y mitad castaño oscuro. Pero corto.

Si bien dejé de verla cuando me alejé -físicamente- de HIJOS, nunca dejé de preguntar por ella. Raquel era -y sigue siendo, claro- más grande que yo y escucharla me generaba mucha admiración. Era una mina con huevos grandes y siempre ahí. Siempre. Su actitud, su inteligencia y su coherencia me enseñaban. Raquel era todo eso. Y ese “todo eso” hizo que hoy, doce años después, me motivara a escribir ésto.

Raquel acaba de ganar el premio Clarín de Novela 2008 por su libro “Perder“. Ya no tiene la cabeza de dos colores, pero me sigue provocando admiración a la distancia.

En www.tn.com.ar pueden ver el momento de la entrega del premio.  (La foto se la chorée a Jose Giglio).

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2 Respuestas a “Raquel

  1. Ana Clara, sabés que he sido amigo de Raquel por muchos años y leer sobre ella de una voz nueva como la tuya me encanta. La admiramos y la respetamos y la emocion que sentimos al verla triunfar es la que se siente ante los actos de justicia. Beso, y encantado de que subas la croniquita gay. Cris.

  2. Admiro a Raquel y te admiro a vos, Cristian. Sos un referente claro de lo que sí está bueno y es posible. Tu mirada, tu mano, pero fundamentalmente la coherencia y el trabajo…
    Es muy rara la vida. Hace tantos años que me crucé con Raquel. Hace esos mismos años que te conocì. Esa misma vida hizo que nunca más los cruzara. Esa, la misma rara, me acerca una vez más a ustedes. Vos y Raquel. Desde la emoción, el aprendizaje y la profunda admiración.
    Gracias Cristian por la vuelta.
    Ya subí tu gran croniquita….
    Nos seguiremos cruzando en esta rara vida. Mientras tanto, te sigo de cerca.
    Besos.

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