taller I

(Posteo un ejercicio que hicimos en el taller con Terra. Yo empecé el cuento. Lexi le puso el conflicto y Marina lo terminó). Obviamente el texto vive en permanente corrección.

La mecánica

Lila y Juan tienen un acuerdo. Él cocina y ella lava los platos. Así funciona todas las noches. Lava todo menos el cenicero con restos de cigarrillos que deja Juan cada vez que termina de comer. Lila odia el cigarrillo y todo lo relacionado a su hábitat. Él lo entiende y se ocupa de que no haya ceniceros sucios por la casa.

La pareja funciona. Hace ocho años que viven juntos y lograron adecuarse el uno al otro a través de reglas de convivencia, pero fundamentalmente porque duermen en cuartos separados. Para Juan, ésa es la fórmula de la resistencia. Que cada uno tenga su espacio. Pasillo que separe las puertas de cada dormitorio. Cama doble para la visita, ropero para cada uno. Desorden. Orden. A gusto. Cajonera, todos los cajones para uno. Cama hecha, deshecha. Cigarrillos. No. Cubrecama con flores. No.

Para Lila es imprescindible la limpieza. Le repugna, por ejemplo, el olor permanente y profundo de la lavandina; pero lo prefiere antes que el olor a sucio. Juan, en cambio, es capaz de ocupar su tiempo en ver cómo se estacionan las palomas en la ventana de su cuarto en lugar de ocuparse del orden. Lila también detesta las palomas.

A través de los años ellos fueron entendiendo que la urgencia del otro no necesariamente es la de uno. Y por eso tratan de respetarse, a pesar de que muchas veces lo que le pasa al otro es inentendible. A Lila le da ganas de vomitar la mugre en las uñas y la gratitud en la piel ajena. También le da asco sentir arcadas. Juan no está de acuerdo con la fobia de su mujer pero, para evitar discusiones o caras de náuseas, se obliga a cepillarse las uñas una vez al día y nunca se olvida de empapar su cara con el producto que Lila le compró. De esta manera evita grasitud, mugre y mujer enloquecida. Para él, es negocio. El tratamiento no le lleva mucho tiempo. Lo mismo pasa al revés. Juan detesta la sopa. Si pudiera la haría desaparecer del universo culinario. Su rechazo es fundamentalista. Desde que se pusieron de novios, Lila jamás cocinó una sopa. Ningún líquido.

Otro acuerdo consiste en que cada vez que él llega ebrio, después de una larga noche de gira, debe pasar por el baño a deshacerse del olor a borracho. Lila no soporta levantarse a la mañana y que la casa huela a bar. La gimnasia es siempre igual. Se quita la ropa, la deja para que sea lavada al día siguiente, se ducha y, a medida que cruza los ambientes de la casa, abre las ventanas para que circule el aire. Paso a paso. Sistemáticamente debe seguir el circuito que su mujer le diseñó.

Él ejercicios. Ella métodos. Por ahora su acuerdo funciona.

Sigue acá.

Y termina acá.

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6 Respuestas a “taller I

  1. ¡qué bien! me gusta muy mucho.

  2. ehhhhh!!!! -no te hagas la piola y volvééééééé!!!!-

  3. viste lexi? te saliste con la tuya.

    gracias coki. besiñus.

    taparoja volvéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!
    escuché tu pgm por internet!!! bien!!!!

  4. Lei todo el escrito (las 3 partes) .. m parecio genial, m da intriga, la consigna de escritura…

  5. gracias p.
    va beso.

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