Archivo de la categoría: Cines y teatros

luces litoraleñas

El sábado 12 de diciembre a las 14 hs, en el marco del Festival In Edit Cinzano (2do. Festival de cine documental y musical de Buenos Aires), se podrán ver 18 minutos del proyecto documental “ENCANDILAN LUCES, Viaje Psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños”, en la sección Work In Progress. El doc está dirigido por Dafne Narváez y Alejandro Gallo Bermúdez y es un viaje hacia la música psicodélica y experimental de un grupo único de Curuzú Cuatiá, Corrientes. Ellos son los Síquicos Litoraleños y vale la pena escuchar su búsqueda.

La proyección se hará en el Atlas Recoleta (Guido 1952), y por las dudas les linkeo la programación del Festival.

Acá, el trailer del documental. Vayan a verlo. Es súper interesante la propuesta de los correntinos y está buenísimo que haya gente que se proponga documentar obras y proyectos que de otra manera no conoceríamos.

Anuncios

sábado de abrazos

penelope-cruz1

Anoche vi “Los abrazos rotos“, la última película de Almodóvar. Y no me gustó mucho. Está bien. Es Almodóvar. Va a gustar, seguro. Entra como piña. Ya sabés cómo es. La estética, garpa. El libro, garpa. Dirección, actores, fetiches, etc. Pero esta vez no me atrapó. Sigo eligiendo “Volver” y “Hable con ella” como dos grandes pelis. Lo que sí sigue maravillándome es la belleza de Penélope Cruz. ¡Está más buena que faltar al colegio!

Su mundo privado

Y finalmente ayer Paranoid Park fue pan comido. Sigue alucinándome el cine de Gus Van Sant. Cómo la cámara deja de ser cámara y se convierte en aire, en sombra y en respiración. Me pasó lo que me pasa cada vez que veo sus películas: me sorprende su manejo del lenguaje audiovisual. Audio y visual. Planos. Cámaras lentas. Persecuciones. Tiempos que van y vienen. Planos.

El tipo se mete en el mundo adolescente y lo hace propio. Lo deambula con conocimiento afortunado y con la cintura que manejan sólo los grandes. Y ni hablar del casting y la dirección de actores. El protagonista de la historia es tremendo. Su expresividad tan de porcelana y de poca mueca. Su silencio que le hace ruido y lo descoloca. Y sin embargo su gesto sigue ahí: en la cámara lenta y casi piel del director que lo sigue y lo encuentra y lo arrincona y lo deja ahí: en la más oscura y desnutrida de las muecas.

Mundo privado. Mundo de a dos. Pateando. O muerte.

La colectiva

Ayer fuí al cine a ver La León, una película con una historia chica, arroyo adentro y que de a ratos me hizo bostezar por su lentitud. Pero vale la pena verla. Porque lo vale y porque tiene una fotografía maravillosa. La película es en blanco y negro y transcurre en el Tigre. Imaginate las imágenes entonces. Combo cuatro, doble carne, doble queso.

  

No tenía cara de mayonesa

Segundas partes nunca fueron buenas. Eso dice el dicho. Eso dice, pero en este caso me importa muy poco hacerme cargo del mito popular. Se viene Esperando la Carroza II y me lleno de felicidad. Me llena de gracia. Llena soy de gracia. Gracias por tanta gozadera!

Acá les dejo una nota sobre la película que salió ayer en Radar.

 

Malta y vacaciones para siempre

Mañana llega un amigo de Chile que viene a BAFICIar y se quedará en casa durante cuatro días. Se llama Cristóbal, le dicen flaco y es uno de esos amigos que el matrimonio bilateral me dejó. El flaco es cineasta y estrenó su primer largo el año pasado en su país. La película se llama Malta con huevo y si tengo algo para decir de ella es que es ingeniosa, está bien filmada y no se detiene. Es un desafiante y provechoso traspaso del mundo en 25 minutos a la pantalla gigante y nachos con queso.

 

Juno II

No dejen de ver La joven vida de Juno. Todavía está en cartel de algunos cines de morondanga. Yo hice lo propio el martes después del laburo, entre histéricas tormentas y soledades de tarde. Arteplex de Belgrano y yo. Juno, su joven vida y yo. A la salida, un largo camino por Cabildo. Me gusta ir al cine sola. Y lo que viene después, también. Es como un largo camino hacia algo. Siempre es ir.

Y este martes, después de ver la película, me fuí con Juno. Salimos del cine en silencio. Las dos. Ni ella tenía nada más que decir, ni yo podía preguntarle alguna pelotudez desencajada. Había que seguir. Había que cruzar Monroe. Ambas lo necesitábamos. Las dos miramos de reojo los fichines que están al lado de esa pizzería típica, pero no nos dijimos nada. Seguimos en silencio cruzando todas las calles desoladas. Era necesario. Para Juno lo era. Para mí, también.